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PATRICIA ROBERTS

SOBRE IMPERMANENCIA de Patricia Roberts 

                                                  Patricia del Valle

En primer lugar agradecer a la Institución Ventana Abierta, presidida por Eliana Vásquez Colichón y a Gloria Mendoza Borda, a quienes aún conociendo poco tiempo han puesto la confianza y deferencia en mi persona, amistad basada en la poesía principalmente y en este caso el especial afecto que me une a la tierra de Arequipa en la que he nacido.
Patricia Roberts, nacida en Arequipa, es una de esas poetas cuya entrañable relación con la naturaleza, la belleza y la vida marcan tanto su destino como su acercamiento a las experiencia conscientes e inconscientes propias del ser humano y estas por su profundidad la vinculan a las manifestaciones del arte.
Ella emprende una cruzada en su viaje vital, descubriendo en el recorrido la filosofía oriental que le otorga una mirada propia, desde la contemplación y muy singular.
Hace suyos el desapego y la disciplina aprendidos de las artes orientales, los incorpora a su ser, ya que se gradúa de instructora en Taichi. Este arte, así como haber pasado 11 años en un convento benedictino, la convierten en un ser con características muy particulares.
Sus primeros pasos los hace al lado de la poeta Cecilia Bustamante a quien conoce en EEUU en los años 80. Con algunas otras escritoras arequipeñas organizan y fundan el Centro de Escritoras de Arequipa y en 1983 el The Houston poetry fest_ Houston.
Este libro, “IMPERMANENCIAS” desde el mismo título hace alusión a su naturaleza de cambio continuo, como la vida. Se puede apreciar en su misma estructura como una impermanencia_ un azar_; una permanente mutación_hacia algo, diferente o no, que se va transformando.
Una propuesta poética y filosófica en la que Patricia nos conduce hacia esa IMPERMANENCIA, como nos refleja en los versos,
…Vivo mi experiencia
creyendo que es todo
a veces brinco
al vacío
Y me disuelvo…
Su propuesta la desarrolla en 44 poemas y 5 capítulos: Desde el jardín, En los Andes, Del mar donde nací, Desde mi interior, Escenas, que como podemos observar nos muestra el universo propio y un recorrido personal de la poeta.
Los poemas en movimiento se van transformando y nos muestran en una filosofía de vida, como alguien que vive en el momento mismo, en el permanente presente y aprende de sus olores, colores y sabores.

Así todos los días serán ese día cualquiera en la rueda del tiempo que se repite incesante pero diferente, sin grandes sobresaltos, nos lo muestra en el poema con ese título:

   UN DÍA CUALQUIERA

Estoy bien a la espera

Hoy es todo lo que tengo

me sonríe el sol

tímido

detrás de las nubes

empezando a encapotarse.

Respiro.

Me alimento

no siento frío ni dolor

Estoy tranquila

en la plácida quietud

de mi jardín

No han venido gorriones

ni mariposas blancas.

El río verde

gris

prosigue al mar

sin grandes sobresaltos

Hoy será un día cualquiera.


En otros poemas vamos completando esa filosofía particular así:

En:

 EVAPORACIÓN Cuando nos dice:

Me evaporo inspirando,

Exhalando Emociones

cada vez más débiles

Desaparecen como perfume

Dentro y alrededor mío.

la belleza no puede retenerse

nos quiere mostrar en verso, tal vez el, sueño o anhelo humano a no permitir como es usual que la tiranía de las emociones nos dominen y domine nuestra sociedad, arrastrando hacia los límites.

Emociones que luego se tornan incontrolables o esclavizan y enferman nuestros cuerpos

Se trata de entrar con disciplina y certeza al terreno de la divinidad individual, de búsqueda interior, del manejo y disfrute de las emociones como un placer vital.

NO ES UN LUGAR

Luz violeta

reposa brevemente

en los volcanes

al atardecer.

Luna llena

proyecta

sombras filigrana

a través de árboles

en noches despejadas.

Un capullo de rosa

amarillo profundo

despierta a la vida.

La felicidad no es un lugar

en el mapa.

Gracias Patricia por tan completa y trascendental poesía.//..

        Lima, 28 de Noviembre del 2017


POESÍA DE EMERGENCIA Y NOSTALGIA
Ahora en esta hora inocente yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada.
-Alejandra Pizarnik-
Patricia Roberts, escritora notable, ha venido publicando sus libros casi indesmayablemente, aunque su ausencia del Perú pareció desvincularla del ambiente cultural, pero no logró alejarla de sus primeros impulsos, el arte en diferentes facetas y sobre todo regresar de la nostalgia de sus primeros poemas, hacia una concreción posterior, cuando la experiencia y el contacto con nuevos ambientes logró cambios en la formalidad, pero dejó intacto su espíritu, su oficio que se ha incrementado con la meditación y la trascendencia.
Su obra Poemas de Antes y Después, fue editada por Cecilia Bustamante y luego de esta consagración viajó a Houston donde fundó The Houston Poetry Fest, ganando, después, dos premios en In Roads. Paradójicamente es más conocida en el extranjero, como en Las Palmas de Gran Canaria. En su primer libro, Poemas de Antes y Después (1980), asomaban los temas preferidos y las reflexiones constantes, que marcarán luego su creación posterior. Por ejemplo, ya en la portada del poemario, se interroga ¿Es todo lo que somos?, ¿combinaciones químicas, circuitos que se cruzan?, pues / la lógica no existe/ cuando el corazón crece/ más allá de los límites/, si en su retina se grabaron para siempre, como huella imborrable, su Mollendo natal, son estos recuerdos los que fluyen entre evocativos o nostálgicos, así en /Dos pájaros murieron/ en la playa hoy día./ Uno grande/ el otro pequeño./ La mañana era hermosa/ el sol estaba en alto/ las olas reflejaban plata/ y esmeraldas/./ La arena empezaba a quemar/ bajo mis plantas/ Los encontré quietos/ algo distantes/ en medio de todos los tesoros/ en forma y colorido/ que iba recogiendo./ No eran chocantes,/ ni feos, ni repulsivos/ Sólo estaban muertos/; el tono que asume es una mezcla de dolor sin nombre y a la vez de encanto ante el mar y sus tesoros, sólo que al final adquiere matices dramáticos. Todos los poemas del libro son variaciones de su asombro ante la naturaleza, que asume formas de mar, río, retamas, flores, gaviotas, la playa, la niebla y en torno a ella y a sí misma, las horas, el tiempo confundido entre pasado y presente, el invierno o el verano que se contraponen como alegría o pena, la partida o el adiós. Hay también un homenaje a la ciudad de Arequipa, que resume todo ello, los pájaros silentes, el horizonte como bosque en llamas, el sol que se hunde, lentamente azul, la atmósfera transparente, la quietud y el viento helado que la traspasa. Las sensaciones se diluyen en este clima poético, que anuncia lejanía, melancolía. Por eso el poema final vuelve a jugar con el tiempo y su indeterminación: Estaba/ está../ No hay sitio vacío que la acuse. /Respondió/ a través de los tiempos. /Estaba/ Está./ Haciendo un presente/ de todos sus momentos/. La indeterminación del sujeto parlante, es como una invocación al título: Presente y somos nosotros los interlocutores, quizás distantes, pero cómplices de esta meditación que nos alcanza.
Luego vendrá una pausa en los versos escritos en español, pues sabemos de su prolífica producción en inglés hasta Esencias (2005) que es un libro donde reúne poemas de diferentes etapas creativas, pero todos bajo el signo de la poeticidad que se manifiesta en versos pulidos y meditados, a pesar de la aparente simplicidad, allí radica el encanto: /Una bandada de tiernos gorriones/ juguetea/ alrededor del árbol nido/…/Entre ellos se reconocerán/ aun cuando la nieve del tiempo/ opaque sus plumajes/ y tintes y disfraces escondan/ su identidad./ Ellos sabrán que son gorriones/ al mirarse en los ojos/ Como vemos, nuevamente, añoranza y nostalgia por la temprana edad llena de esperanzas se cruzan con el inevitable presente. Esta serie de estampas poéticas están concebidas como un diario de vida, muy emotivas; pero luego pasa por una conversión hacia la naturaleza, uniendo su otra pasión, la pintura, cuando inicia una metamorfosis sugerente: / Pintando me convierto/ en paisaje/ Soy cueva escondida/ en medio de las rocas,/ siento el sol implacable/ como agujas de oro/…/ Soy cangrejos malva,/ pez moteado en pozo natural/, no ha perdido ni el candor de su niñez ni de sus pupilas asombrada por el mar que iluminó sus primeras emociones, claro que, a veces, esto termina por sumirla en desolación: / La luz no me alcanza/ la gravedad triunfa/ Estoy agotada/ incapaz de danzar con mi pincel/ en el amplio escenario./ Acepto la oscuridad/ entro al silencio/.
Reconciliación
Te pareces tanto a mí
Caminas senderos prohibidos
Que yo no puede andar
Rompes barreras.
Te pierdes
Encuentras tesoros.
Hoy no podría añadir una sola gota
Al dedal de mi existencia.

¿Crees que perdía tanto?


En la sección Frente al mar en Gran Canaria sus versos logran la concisión de los Hai-Ku: / No comparto/ olas, viento, aves, fuego/ estoy sola./ Este paisaje soñado/ es incapaz de abrazarme/ El utilizar fechas sobre acontecimientos, como el Once de Setiembre, le permite comentar la sensación casi apocalíptica sobre el mundo, la guerra, genocidios y paradójicos premios como el Nobel al artífice de la masacre posterior. Esto es ya una toma de conciencia social.
 En este breve comentario no podemos dejar de mencionar la re-elaboración de textos chinos como el Tao Te Ching de Lao Tse o el Wen Fu de Lu Chi, para los dos, aunque referido al segundo, escribimos: Patricia Roberts vivió en cada palabra, frase o sentencia al convertirlas en poesía de calidad donde la pasión por el arte y su vocación comunicativa, de compartir con nosotros su conocimiento y su meticulosa labor creativa son más que loables, de una calurosa gratitud. Entiendo que su traducción de esta notable Ars Poética, se ha convertido para ella en inspiración y variante estilística de su propio trabajo lírico.
Una vez que Patricia cimentó su estilo y que sus vuelos imaginativos consolidaron una visión del mundo llena de reminiscencias, sin perder la primigenia sensación o el encantamiento de realidades y anhelos, su libro Impermanencia 2016, proyecta la dialéctica de la vida misma, la suspensión y la intermitencia, el vacío y la plenitud, el heracliteano trayecto del río y cuyo impasible curso va // en su tiempo // fuera del tiempo//. El poemario en sus estancias centrales recrea una naturaleza sumida en estaciones, flores y aves, insectos, árboles y astros que en su belleza lánguida, en un jardín, metafórica alusión a la impermanencia que la acucia, por ello quiere ser hiedra, para adherirse a una sombra que no puede olvidarse, rosa efímera, igual a su libadora abeja, el picaflor de espaldas a la belleza que la consuela, mientras su tristeza fluye invitada por el río. En medio de suspiros, la brisa también muere, la luna cambiante (inconstante diría Julieta); la urgencia muere, ella (su avatar) se quita las expectativas como un abrigo (guiño vallejiano), la niebla que invade el somnoliento jardín, parece volverla a la esperanza //La vida canta otra vez// en el susurro del agua//. Cuando pensábamos en la doble vertiente filosófica del trágico agonismo o la idealista creencia en un más allá, nuestra poeta vuelve al misticismo de los sacramentos y el pentecostés, ha encontrado paz, espacio, presencia en cada átomo del mundo que danza y se siente agradecida. Es su trastocación espiritual.
La alusión al Ande es la visión exterior con sus ritmos ancestrales, otra dimensión, unión de tierra y cielo, reverencia al pasado y al presente; en cambio el mar es su elemento donde recobra su plenitud, todo es radiante, reflejos cambiantes, sensación de vida por la que brinda; su poesía encantada a pesar de su sencillez y ternura que le hablan al oído, la luna que marcha al ocaso dueña de la inmensidad la visita, aun en la mañana temprana. Demás estaría recalcar el influjo selenita sobre la mujer que pacifica pasiones o las exalta. En este caso se ahonda su divergencia entre las locuras marinas y la inmovilidad nocturna de la reina de la noche. Si reafirmamos que esta es una constante en toda la poesía de Patricia, es porque conforma una plenitud existencial, que se extiende como un manto de luces violetas y la sensación de pasear en la quietud sin tiempo entre espejismos que rechaza. El pesimismo, producto de la evaporación de su ser, la inubicable felicidad, se siente en un silencio entre notas, un aliento que es suficiente para imaginar un futuro. Un romanticismo igualmente lánguido no puede traspasar el muro delgado, porque se siente exiliada de él, sus sentidos se marchitan y sigue vagabundeando. Entre recuerdos y olvidos, vuelve a la esperanza, otra constante, cuando pliega los brazos sobre su corazón, así se tranquiliza en el umbral de la vida que traspasa bendecida. Nuevo asomo espiritualista que ha de tranquilizarla y a sus lectores Por ello sus versos finales son una miscelánea de retratos, objetos caros, sonidos y también esbozo de lo social en los inmigrantes, lo que confirma que un artista, aunque aspira a dar a conocer sus impresiones, sueños, fantasmas o vicisitudes, no olvida, casi nunca, que vive en un presente inmediato al cual hay que convertir en un elemento significativo.
En resumen, Patricia sigue subiendo los peldaños de su arte, su rica experiencia vivencial y sus trayectos itinerantes nos dicen que jamás estuvo desligada de nosotros ni de su entorno, que ahora se enriquece con sus visiones.
Tito Cáceres Cuadros

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